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CON LIBRETA, TODO ES DIFERENTE

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Por Dr. Leonardo J. Glikin

“Nosotros no nos casamos. Total, ¿qué cambia por una libreta?” dice Isabel, orgullosa de su decisión de mantener una unión libre con Daniel. Sin embargo, más allá de las respetables convicciones de cada uno, que hacen que cada vez menos gente se case en los grandes centros urbanos, en el planteo de Isabel hay un error grave. Porque, estemos de acuerdo o no, lo cierto es que, entre tener la libreta y no tenerla, hay un mundo de consecuencias legales totalmente diferentes. Veamos:

Las personas casadas legalmente, sin hijos, se heredan recíprocamente. Esto significa que si se muere uno de los cónyuges, el otro tiene derecho no sólo a la mitad de los bienes adquiridos después del matrimonio (es decir, los llamados bienes gananciales) sino también, a una parte de los bienes anteriores al matrimonio, y a una parte de los gananciales que le corresponden al cónyuge fallecido (esto último, en caso de que no tenga hijos). ¿Cuál es esa parte? Dependerá del hecho de que el cónyuge haya hecho testamento, y de que sus padres vivan o no.

 

Por el contrario, las personas no casadas legalmente sólo pueden heredar al compañero/a, en caso de que exista un testamento a su favor. Mediante ese testamento sólo se podrá disponer de la tercera parte del patrimonio en caso de que vivan los padres de quien hace el testamento, y el veinte por ciento, en caso de que tenga por lo menos un hijo.

En caso de separación de personas casadas corresponde dividir el patrimonio adquirido después del matrimonio, entendiéndose que el 50 % le corresponde a cada uno.

Cuando no hay un matrimonio legal, cada cual se lleva lo que está a su nombre. Y si alguien no está de acuerdo con esa solución, debe encontrar alguna figura legal que le permita resolver exitosamente la cuestión.

El cónyuge tiene derecho de habitación, vitalicio y gratuito, en el inmueble donde hubiera estado establecido el hogar conyugal, en caso de fallecimiento del otro, aun en caso de que fuera un bien propio del cónyuge fallecido.

Por el contrario, no hay manera de establecer (ni siquiera por testamento) un derecho similar a favor del conviviente que no es heredero legalmente, si esa disposición testamentaria afecta la legítima hereditaria de los herederos forzosos, tales como hijos, padres o del cónyuge de la persona fallecida.

Quien se casa legalmente tiene, en principio, derecho a alimentos (cuanto menos, de extrema necesidad) del otro cónyuge, aun en caso de separación.

Por el contrario, quienes no tienen unión matrimonial, en todo caso tendrán derecho a reclamar alimentos para sus hijos, pero no entre sí.


Sin duda, el régimen matrimonial está cayendo en un severo desprestigio, en miras de la cantidad de gente que decide convivir sin casarse.
Sin embargo, conocer las diferentes consecuencias legales es parte del derecho a la elección libre de cada uno.

Dr. Leonardo J. Glikin
Abogado-Consultor
Planificación en Familia y Empresa

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